Perspectiva: Alexandra
La luz del sol se filtraba por las cortinas de terciopelo de nuestra suite, convirtiéndose en líneas doradas que bailaban sobre el edredón de seda. No era una luz cálida; me parecía una luz acusadora, una claridad que desnudaba todo lo que la sombra del penthouse de Valerian Frost había ocultado.
Estaba sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida en el suelo de mármol. El aire en la habitación se sentía estancado, cargado con un aroma que no era el de mi propio