—Si clavas ese clavo ahí, Jax, el porche se les va a caer en la cabeza a los aldeanos con el primer viento. Quítate, dame ese martillo.Marcus, aflojándose el chaleco militar y limpiándose el sudor de la frente con el dorso del brazo, le arrebató con fuerza la herramienta de la mano a Jax. En el valle, justo debajo de la mansión, la construcción del nuevo mercado civil había comenzado con las primeras luces de la mañana. Desde que se derrumbaron los antiguos y oscuros muros de aislamiento del Consejo, el pueblo del Norte estaba ansioso por primera vez por exhibir sus cosechas, artesanías y hierbas medicinales.Jax se llevó la mano a la cadera y soltó un hondo suspiro. —Marcus, llevo cargando madera desde las seis de la mañana. Te juro que ni los cazadores en la mina de plata me cansaron tanto. Como la Luna dijo que "todo tiene que ser perfecto", aquí estamos haciendo prácticamente de arquitectos.—Deja de quejarte, Jax —dije, caminando hacia ellos con una bolsa de tela en la mano. Den
Leer más