La luz del amanecer se filtraba entre las cortinas blindadas de la cabaña. Valentina despertó lentamente, sintiendo el peso cálido del cuerpo de Alessandro sobre el suyo. Él dormía profundamente, con un brazo rodeando su cintura de forma posesiva y la cara hundida en su cuello.Por un momento, Valentina se quedó quieta, escuchando su respiración tranquila. Era extraño sentir tanta paz después del infierno que habían vivido la noche anterior. La mansión en llamas, los disparos, la cara de su padre… todo parecía una pesadilla lejana.Intentó moverse con cuidado, pero Alessandro se despertó al instante. Abrió los ojos y la miró con esa intensidad que siempre la desarmaba.—Buenos días —murmuró él con voz ronca.—Buenos días —respondió ella, sonriendo apenas.Alessandro no dijo nada más. Solo la acercó más a su cuerpo y la besó despacio, como si quisiera grabar ese momento en su memoria. El beso fue suave al principio, pero rápidamente se volvió más profundo, más urgente.Valentina pasó l
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