Dos días después.
La mansión se había convertido en un verdadero búnker.
Todas las ventanas estaban bloqueadas con placas de acero. El jardín estaba lleno de hombres armados hasta los dientes. En el techo había tres francotiradores y dos ametralladoras pesadas. El aire se sentía espeso, cargado de tensión.
Valentina estaba parada frente al gran ventanal del segundo piso, mirando hacia afuera. Llevaba un chaleco antibalas negro que Alessandro le había obligado a ponerse y una pistola en la cintu