Tres días después.
El lugar elegido fue un viejo restaurante abandonado en las afueras de la ciudad, rodeado de bosque. Alessandro había preparado todo con extrema precisión: francotiradores en los árboles, dos equipos de seguridad escondidos y un helicóptero listo a cinco minutos de distancia.
Valentina estaba sentada frente a un espejo mientras una de las estilistas terminaba de arreglarla. Llevaba un sencillo vestido negro y una chaqueta de cuero. No quería parecer débil, pero tampoco quería