La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz de la luna que entraba por el ventanal. Valentina seguía entre los brazos de Alessandro, con la cabeza apoyada en su pecho, escuchando los latidos fuertes de su corazón.
Ninguno de los dos había hablado en varios minutos.
Finalmente, ella rompió el silencio.
—¿Qué va a pasar ahora?
Alessandro le acariciaba la espalda con movimientos lentos, casi distraídos.
—Mi padre va a venir por nosotros. Esto solo fue el comienzo. Lo que pasó esta