El túnel parecía no tener fin.
Valentina corría a ciegas, con una mano apoyada en la pared húmeda y la otra fuertemente agarrada a la de Alessandro. El aire era frío, pesado y olía a tierra mojada. Solo se escuchaban sus respiraciones agitadas y el sonido de sus pasos resonando contra las paredes de concreto.
—¿Cuánto falta? —preguntó ella, jadeando.
—Un kilómetro más —respondió Alessandro sin reducir la velocidad—. No te detengas.
Detrás de ellos, se escuchaban golpes fuertes contra la puerta