Capitulo 6: Otra Mujer

El silencio en el estudio fue sepultado por el sonido seco del sello oficial sobre el acta matrimonial. El juez de paz cerró su carpeta, estrechó la mano de Dante con una reverencia casi imperceptible y se retiró junto a los testigos.

Asley miró el anillo de platino en su dedo; era pesado, frío y de una elegancia insultante. No era una joya, era un grillete de oro para Tristan Gibson.

—Felicidades, Señora Moretti —dijo Dante. Su voz arrastró el apellido con una satisfacción que erizó la piel de Asley—. El nombre de "Gibson" acaba de ser borrado de tu existencia legal. A partir de ahora, cualquier ataque hacia ti es un ataque directo hacia mí.

Dante hizo un gesto a Elena, quien se acercó con una tableta profesional.

—Señor, el equipo de relaciones públicas ya filtró la noticia a los diarios financieros. La notificación de "matrimonio sorpresa" llegará a los oídos de Tristan en aproximadamente... diez minutos.

—Perfecto —respondió Dante. Se volvió hacia Asley y le tendió un sobre de color crema—. Tu primera tarea como mi esposa comienza hoy. Tristan tiene una gala benéfica esta noche para celebrar el lanzamiento de su nueva ruta aérea. Una ruta que, por cierto, construyó usando los contactos de tu padre.

Asley apretó el sobre. Sus nudillos se tornaron blancos.

—Él cree que estoy en un refugio para mujeres o rogándole a algún pariente lejano —murmuró ella, con una chispa de fuego en la mirada.

—Él cree que eres nada —corrigió Dante, acortando la distancia entre ambos—. Pero esta noche, entrarás a ese salón del brazo del hombre que puede comprar su empresa antes del postre. No solo vas a aparecer, Asley. Vas a ignorarlo. No le darás el placer de un reclamo, ni de una lágrima. Le demostrarás que, a tu lado, él es el mendigo.

La noche cayó sobre la ciudad con una lluvia fina, pero dentro de la mansión de eventos, el lujo era sofocante. Tristan Gibson sonreía, rodeado de inversores, luciendo el reloj que Asley le había regalado en su último aniversario.

—Mi exesposa no supo apreciar la visión de este negocio —decía Tristan a un grupo de accionistas, con tono de falsa lástima—. Tuve que tomar decisiones difíciles por el bien de la compañía.

De repente, el murmullo de la sala se detuvo. Como si una corriente de aire gélido hubiera entrado, las cabezas empezaron a girar hacia la entrada principal.

Dante Moretti entró primero, con su presencia de depredador dominante. Pero no fue él quien causó el jadeo colectivo, sino la mujer que caminaba a su lado. Asley lucía un vestido de seda negra que parecía tallado en obsidiana, su cabello recogido en un peinado impecable que resaltaba las joyas de la familia Moretti en su cuello. No quedaba ni rastro de la mujer que temblaba bajo la lluvia.

Tristan se quedó petrificado, su copa de champán temblando ligeramente.

—¿Asley? —susurró, con la mandíbula desencajada.

Ella pasó a su lado sin siquiera desviar la vista. Se movía con la seguridad de quien es dueña del aire que los demás respiran. Dante, sin embargo, se detuvo un segundo frente a Tristan. Lo miró de arriba abajo, como quien observa una mancha en el zapato.

—Gibson —dijo Dante con una sonrisa gélida—. Qué evento tan... pintoresco. Mi esposa me dijo que tenías complejo de grandeza, pero veo que te conformas con poco.

—¿Tu... tu esposa? —Tristan palideció, mirando a Asley, que ahora conversaba con el mayor rival comercial de Tristan.

—Moretti para ti —sentenció Dante—. Y un consejo gratuito: cuida tus modales. A partir de mañana, mi bufete de abogados presentará una demanda por la restitución de los activos de la familia de Asley. Nos vemos en los tribunales... si es que te queda dinero para pagar un abogado cuando yo termine contigo.

Dante rodeó la cintura de Asley con posesividad y la guio hacia el centro del salón. Por primera vez en años, Asley sintió que el aire no le faltaba. Al mirar hacia atrás por encima del hombro de Dante, vio a Tristan: pequeño, solo y humillado en medio de su propia fiesta.

La guerra no había hecho más que empezar, pero Asley ya había ganado la primera batalla.

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