KADYELEl calor de Cancún no era como el de Santander. El aire de México era denso, húmedo, cargado de un olor a sal y a jazmín que intentaba, sin éxito, limpiar el rastro de azufre que sentía pegado a mi garganta. El helicóptero aterrizó en un helipuerto privado rodeado de palmeras que se mecían con una paz que me resultaba insultante.Al bajar, el contraste fue brutal. Alaric y Stefan corrieron, a pesar de sus heridas y su agotamiento, hacia las dos mujeres que los esperaban al borde de la pista. Vi a Elena, con una túnica blanca que ondeaba al viento, sosteniendo al pequeño León contra su pecho. Su rostro, aún marcado por el cansancio del parto de hace una semana, se iluminó con una luz que hizo que el sol pareciera opaco. Alaric la envolvió en sus brazos, formando un círculo de protección alrededor de ella y del bebé. Era la imagen de la redención.A unos metros, Stefan se fundía en un abrazo desesperado con Rouse. Ella lloraba contra su hombro sano, mientras Anthony, con el p
Leer más