ELENAEl rugido del motor del Range Rover anunció su llegada antes de que los faros cortaran la bruma de nieve. Corrí hacia el gran salón, con el corazón martilleando contra mis costillas, justo cuando la pesada puerta de roble se abría de golpe. Alaric entró primero, cubierto de nieve y pólvora, seguido de un Stefan que apenas podía mantenerse en pie. Pero fue la tercera figura la que detuvo mi respiración.Kadyel Vossen caminaba con una extraña mezcla de fragilidad y arrogancia. Al verlo bajo la luz de las arañas de cristal, me quedé sin aliento. Sus ojos, ese azul eléctrico y ese avellana profundo, me observaron con una lucidez aterradora. Antes de que pudiera decir una palabra, mis ojos de médico notaron el ligero temblor de sus manos y la dilatación desigual de sus pupilas.—Tiene el síndrome de Vesper-6 —susurré, acercándome a él sin miedo—. Es un fármaco experimental para suprimir la actividad sináptica. Kadyel, si no te desintoxicamos ahora, tu sistema nervioso colapsará en m
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