ALARIC
El olor a antiséptico y a desesperación en el Centro Psiquiátrico de Saint-Jude era tan denso que se podía cortar con un bisturí. Stefan y yo caminábamos por los pasillos de baldosas blancas, vestidos con batas de médicos de paso, con identificaciones falsas que Samira había conseguido en tiempo récord.
El estetoscopio alrededor de mi cuello pesaba como una cadena; cada paso que daba me acercaba a un pasado que Magnus había intentado enterrar bajo capas de fármacos y mentiras.
Stefan se