ROUSELa luz del amanecer se filtraba por las cortinas de seda, pero la calidez de la cama no lograba disipar la inquietud que se había instalado en mi pecho desde que despertamos. Stefan me rodeaba con sus brazos, su respiración cálida en mi nuca, pero yo me sentía extraña. Me senté en la cama, cubriéndome con la sábana, y miré hacia las esquinas de la habitación.—Stefan… —susurré, despertándolo—. Estos días que hemos estado acá, se siente raro. Como si nos vigilaran. Me siento observada, pero no es una mirada de peligro inmediato, es como si algo quisiera salir a la luz desde las paredes de esta casa.Stefan se incorporó, pasando una mano por su rostro cansado. Sus ojos recorrieron la habitación con el instinto de un lobo.—Siento lo mismo, Rouse. He estado revisando los sensores de Samira, y aunque no hay intrusos, el aire se siente... cargado. Como si la casa tuviera ojos que no podemos ver.Me acerqué a él y tomé su mano, tratando de forzar una sonrisa para aliviar la tensión.—
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