ELENA
El calor de las Islas Caimán era un muro de humedad que nos golpeó al bajar del jet privado.
Nada que ver con el frío aséptico de la mansión en Canadá o el hielo de Islandia.
Aquí, el dinero olía a salitre y a secretos enterrados bajo palmeras de diseño. Frente a nosotros, alzándose como una aguja de cristal negro desafiando al cielo, estaba la Torre del Silencio. El santuario final del "Hijo Digital" de Magnus.
—Infiltración vertical —ordenó Alaric, ajustando su equipo táctico bajo un