ROUSE
El viento del desierto silbaba entre las grietas del fuerte bereber, pero el verdadero estruendo estaba dentro de mi pecho.
Me había encerrado en una pequeña estancia de techos abovedados, lejos de la mirada protectora de Stefan y de la intensidad de Elena.
Sobre mis rodillas, el sobre de seda negra que mi madre me entregó antes de estallar en luz parecía latir con vida propia.
Con dedos temblorosos, rompí el sello. Lo primero que cayó fue una pequeña nota de mi madre, escrita con una c