ELENA
La firma fue rápida, fría y con sabor a traición.
En el despacho del ático, con el abogado del banco como único testigo, puse mi nombre junto al de Alaric Vossen.
En ese mismo instante, en una pantalla dividida, vi a Leticia salir del edificio del banco.
Caminaba tambaleándose, con la mirada perdida.
Antes de subir al taxi que Alaric le había pagado, miró hacia la cámara de seguridad con un desprecio que me atravesó el alma.
Para ella, yo no era su salvadora; era la mujer que había e