Los días se transforman en una tortura silenciosa dentro de la mansión Volkov, ensanchando una distancia abismal que amenaza con destruir todo a su paso. Valeria pasa las horas confinada entre las paredes de su habitación, ahogada en un llanto incesante por la supuesta muerte de Richard, de modo que cada vez que Adrián intenta acercarse para abrazarla o cruzar una sola palabra con ella, ella esquiva su toque de inmediato con un rechazo helado.–No me toques, Adrián, por favor, simplemente estoy agotada y necesito que me dejes sola de una buena vez –miente ella, dándole la espalda en la cama para ocultar el rencor que le quema el pecho.–¿Agotada, Valeria? Llevas semanas con la misma maldita excusa y ya no te creo un solo segundo –responde Adrián, conteniendo la furia que le deforma las facciones mientras la observa alejarse cada vez más.Mientras tanto, en las profundidades más oscuras de la propiedad, la realidad es radicalmente distinta, ya que Richard Kuskov sigue atrapado en la
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