CAPÍTULO XLV
Rodrigo y Daniela (o: lo que ocurre cuando nadie planea nada)
Rodrigo Mondragón le propuso matrimonio a Daniela Fuentes un martes por la mañana, en la cocina del apartamento de ella, mientras hacía tostadas.No había anillo. No había restaurante caro. No había la puesta en escena que Daniela, si le hubieran preguntado a los veinte años, habría descrito como el mínimo aceptable. Había tostadas quemándose ligeramente porque Rodrigo nunca había dominado el arte del tostador, y la cocina llena del olor del café, y Daniela de espaldas revisando su teléfono en la barra, y Rodrigo que dijo, con el tono de alguien que acaba de entender algo:—Oye. Cásate conmigo.Daniela bajó el teléfono. Se giró. Miró a Rodrigo, que la miraba con esa combinación particular suya de despreocupación aparente e intensidad real que llevaba un año siendo, para Daniela, la cosa más desconcertante y más irresistible que conocía.—¿Las tostadas se están quemando? —dijo.—Probablemente.—¿Y me lo estás pidiendo ahora?—El ahora es cuando se me ocurrió.Daniela lo miró durante tr
Ler mais