Elena Mondragón invitó a Valentina a tomar el té un miércoles, sola. Sin Sebastián, sin Rodrigo, sin la cobertura social de la cena familiar o el almuerzo con audiencia. Solo las dos, en la casa de Elena, con el servicio de té que llevaba décadas en esa familia y que Elena usaba como indicador tácito del nivel de la conversación que iba a tener.
Valentina llegó puntual. Elena la recibió en la sala donde no recibía a los invitados ocasionales sino a las personas que importaban, cosa que Valentin