Me quedé frente a cuidados intensivos sin moverme, con la mirada fija en el cristal, como si mantenerme ahí pudiera hacer algo que en realidad no dependía de mí. El pasillo estaba en silencio, pero no era un silencio vacío, sino uno cargado, tenso, sostenido por la espera y por todo lo que no se estaba diciendo.—No va a mejorar si sigues así.La voz de Adrián llegó baja, demasiado cerca como para ignorarla. No me giré de inmediato; dejé que sus palabras se asentaran, que encontraran su lugar antes de responder.—¿Así cómo?—Esperando.Solté una exhalación lenta, sin apartar la vista del cristal.—No todo se resuelve con control, Adrián.—Todo se descompone sin él.Entonces sí lo miré. Seguía exactamente igual que siempre: firme, preciso, sin una sola grieta visible. Como si nada tuviera el poder de alterarlo, o como si simplemente no se lo permitiera. Esa calma, lejos de tranquilizarme, se volvió incómoda.—No es un problema que puedas manejar —dije.—Todo lo que te afecta… lo es.La
Leer más