El hospital dejó de sentirse igual en cuanto Adrián empezó a dar órdenes.
En cuestión de minutos el flujo de personas cambió, los accesos se restringieron y la puerta de cuidados intensivos dejó de ser un lugar de paso para convertirse en un punto controlado. Nadie entraba sin autorización directa. Nadie permanecía más de lo necesario.
—Solo el médico de cabecera y la enfermera asignada —indicó con calma—. Nadie más.
El personal asintió sin cuestionar.
Yo lo observaba, tratando de entender en q