Me quedé frente a cuidados intensivos sin moverme, con la mirada fija en el cristal, como si mantenerme ahí pudiera hacer algo que en realidad no dependía de mí. El pasillo estaba en silencio, pero no era un silencio vacío, sino uno cargado, tenso, sostenido por la espera y por todo lo que no se estaba diciendo.
—No va a mejorar si sigues así.
La voz de Adrián llegó baja, demasiado cerca como para ignorarla. No me giré de inmediato; dejé que sus palabras se asentaran, que encontraran su lugar a