191. No está bien
DanteMe giro despacio, sintiendo que la Bestia se repliega en un segundo ante el sonido de su sufrimiento. Isabel sigue de pie junto a la puerta, con los ojos inyectados en sangre por el llanto y los labios apretados en una línea trémula. Me mira directo a los ojos, con una fijeza que me desarma por completo.—No te tengo miedo, Dante... —me dice en un hilo de voz, firme a pesar del llanto que le deforma la cadencia.Intento respirar, regulando los latidos de mi propio pecho, y ladeo la cabeza con incredulidad.—¿Ah, no? ¿Entonces por qué carajo corriste como si hubieses visto al mismo diablo ahí adentro, Isabel? ¿Por qué huiste de mí?Ella niega con la cabeza de manera enérgica, pasándose el dorso de la mano por las mejillas para limpiarse las lágrimas que no paran de brotar.—Corrí porque... porque nunca en mi puta vida había visto algo así, Dante —me confiesa, con la voz temblando como una hoja al viento—. Independientemente de si te temo a ti o no, de si lo estás haciendo tú o al
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