Dante
A mis espaldas, la risa distorsionada y asmática del maldito sicario colgado resuena por toda la bodega, un sonido burlón que me enciende la sangre.
—Mírate, Volkov... Tu mujer te vio la verdadera cara... Vio el monstruo que eres... —se mofa el infeliz entre toses.
—Cállale la puta boca, Alexi. Si vuelve a emitir un solo sonido, rómpele la mandíbula —le ordeno a mi segundo sin girarme, mientras salgo disparado de la habitación detrás de ella.
Corro a toda prisa por el pasillo estrecho de