174. Siempre tu
DanteMe quedo completamente inmóvil, mirándola sin comprender del todo, suspendido en la magia de su tacto. En mi cabeza de soldado, los problemas se resuelven con planos, con armas, con perímetros de seguridad; no estoy acostumbrado a que la paz llegue de una manera tan simple, tan pura. Isabel nota mi confusión y deja escapar una risa corta, baja, que me acaricia el oído.Sin romper el contacto visual, se mueve con una gracia natural y se sienta directamente en mis piernas, acomodando su cuerpo liviano contra el mío, rodeándome el cuello con sus brazos. El aroma de su cabello, esa mezcla de flores y hogar que tanto me obsesiona, me inunda los sentidos por completo, haciéndome olvidar por un segundo el olor a tabaco y pólvora que arrastro desde la fiscalía.—Sé lo que estás sintiendo, Dante —me dice al oído, apoyando su frente contra la mía, permitiéndome sentir el ritmo pausado de su respiración—. Sé que lo que te estoy pidiendo con ese plan es difícil, que va en contra de cada u
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