191. No está bien
Dante
Me giro despacio, sintiendo que la Bestia se repliega en un segundo ante el sonido de su sufrimiento. Isabel sigue de pie junto a la puerta, con los ojos inyectados en sangre por el llanto y los labios apretados en una línea trémula. Me mira directo a los ojos, con una fijeza que me desarma por completo.
—No te tengo miedo, Dante... —me dice en un hilo de voz, firme a pesar del llanto que le deforma la cadencia.
Intento respirar, regulando los latidos de mi propio pecho, y ladeo la cabeza