Dos semanas después de la declaración pública, la vida en la mansión había cambiado.Ya no había distancia. Ya no había reglas frías. Alejandro y Lia dormían cada noche en la misma cama, se despertaban juntos, desayunaban riendo y pasaban las tardes planeando cómo defenderse de Camila y su cómplice. La junta había aceptado temporalmente su versión, pero la amenaza seguía latente. Daniel Torres trabajaba día y noche para recopilar pruebas contra Camila.Sin embargo, algo más estaba cambiando en Lia.Se sentía cansada todo el tiempo. Tenía náuseas por las mañanas y sus senos estaban más sensibles. Al principio lo atribuyó al estrés de la situación, pero cuando el retraso en su período se hizo evidente, el miedo comenzó a crecer.Una mañana, mientras Alejandro estaba en una reunión virtual, Lia fue sola a una farmacia lejana y compró tres pruebas de embarazo. Regresó a la mansión temblando y se encerró en el baño de su antigua habitación.Los minutos de espera fueron eternos.Cuando las
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