Valeria y Mateo decidieron que la escuela se llamaría “Refugio Verde” en vez de usar el nombre de Alejandro. No fue por rencor, fue porque querían que el legado fuera solo de ellos dos, de lo que construyeron juntos.La inauguración fue sencilla, como todo lo que hacían. Ciento veinte niños con uniformes nuevos, padres emocionados y una placa de madera que decía:“Refugio Verde – Escuela Ambiental. Fundada por Valeria y Mateo de León. Porque el bosque que salvamos también puede salvarnos a nosotros.”Valeria cortó la cinta y Mateo la sostuvo todo el tiempo. Cuando los niños entraron corriendo a sus aulas, ella se quedó mirando desde la puerta. Mateo la abrazó por detrás.—Se acabó, mi amor —le susurró—. Ya no hay más fantasmas.Ella asintió, pero algo en su pecho seguía apretado.Esa misma noche, mientras dormían, sonó el teléfono. Era Luna, histérica.—Mamá, prende la televisión. Canal 6. ¡Ahora!Valeria encendió el televisor con manos temblorosas. En la pantalla, un noticiero de Sui
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