El Refugio Verde cumplía veintiocho años desde que Valeria y Mateo lo abrieron oficialmente. La finca ya no parecía la misma de antes. Había tres sedes, más de cuarenta cabañas, un centro de investigación ambiental y un pequeño museo que contaba la historia de cómo empezó todo.Valeria, con sesenta y un años, caminaba despacio por el sendero principal. Su cabello era ahora completamente blanco y lo llevaba recogido en un moño bajo. Mateo, de sesenta y cinco, seguía a su lado tomándola de la mano, como lo había hecho durante casi tres décadas.Ese día se celebraba el aniversario con una gran fiesta. Todos los hijos y nietos estaban presentes. Luna, de cuarenta y dos años, era la directora general del proyecto y había convertido el Refugio en un referente nacional. Tenía dos hijas adolescentes que ya ayudaban en las actividades con los visitantes. Sofía vivía en Santo Domingo con su esposo y sus tres hijos, pero nunca faltaba a las celebraciones importantes. Mateo Jr. se había quedado e
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