Veinte años habían pasado desde aquella noche en que Valeria fue abandonada en el altar.El Refugio Verde era ahora un lugar emblemático del ecoturismo en la República Dominicana. Tenía cabañas cómodas, un restaurante reconocido, un centro de educación ambiental y un programa de voluntariado que recibía jóvenes de todo el país.Valeria, con cincuenta y dos años, seguía siendo la dueña y el alma del lugar. Su cabello tenía más hebras plateadas, pero su sonrisa seguía siendo la misma: cálida, luminosa y llena de vida. Mateo, con cincuenta y seis, seguía fuerte y atractivo, con más tatuajes que contaban la historia de su familia y una barba corta que le daba un aire distinguido.Sus hijos ya eran adultos:Sofía, de veintisiete años, era bióloga y dirigía el programa de conservación del albergue. Estaba casada y tenía una hija pequeña.Mateo Jr., de veinticinco años, era ingeniero ambiental y había construido un sistema de energía solar para todo el complejo.Luna, de veinte años, estudia
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