La ceremonia de renovación de votos fue sencilla, íntima y profundamente emotiva.La prepararon para un domingo por la tarde, en el claro junto al río, bajo el flamboyán que daba sombra perfecta. No había invitados externos. Solo ellos dos, sus tres hijos y la señora que ayudaba en el albergue como testigo silenciosa.Valeria llevaba un vestido blanco ligero de algodón, con flores silvestres en el cabello y los pies descalzos sobre la hierba suave. Mateo vestía una camisa blanca limpia con las mangas arremangadas, mostrando los tatuajes que contaban parte de su historia, y pantalones oscuros. Se veía fuerte, sereno y completamente enamorado.Los niños estaban sentados en una manta extendida sobre el césped: Sofía con un ramo de flores silvestres en las manos, Mateo Jr. con una carita curiosa y Elena sentada en el regazo de la señora, chupándose el dedo.Mateo tomó las manos de Valeria y la miró a los ojos con esa intensidad verde que siempre la hacía sentir vista, amada y segura.—Val
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