La niebla se volvió tan espesa que Alma Nova apenas podía ver sus propias manos.La versión adulta de sí misma seguía bailando en el centro del círculo, radiante, completa, con raíces que parecían joyas vivas subiendo por sus piernas. La Alma Nova del futuro la miraba con una compasión que dolía.—Ven —le dijo su yo futuro—. Mira lo que te espera si te vas.De pronto, la niebla cambió. El círculo desapareció y Alma Nova se encontró parada en medio de una ciudad gris, muchos años después. Tenía diecisiete años. Estaba sola en una parada de autobús bajo una lluvia fría y sucia, no como la del bosque. Esta lluvia no invitaba a bailar. Solo mojaba.Nadie la miraba. Nadie sonreía. La gente pasaba rápido, con auriculares y miradas vacías.En esa visión, Alma Nova intentaba recordar cómo se sentía bailar. Pero el recuerdo era borroso, como si el bosque se lo estuviera robando lentamente. Intentaba mover los pies, pero estos se sentían pesados, muertos. El calor que había sentido en el tobill
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