La lluvia llegó esa misma noche, más intensa que nunca. Parecía que el bosque había decidido poner a prueba a Alma Nova justo después de su conversación con Mateo.
Dentro de la cabaña, la niña caminaba de un lado a otro. Las botas le pesaban más que nunca. Cada paso que daba sobre la madera resonaba como un recordatorio: “Todavía estás dentro. Todavía puedes elegir”.
El susurro de Valeria llegó suave, casi cariñoso:
—Ven, pequeña. Solo mira. No tienes que bailar. Solo ven al círculo y siente la