A las cinco en punto, Elise volvió por ella.La tarde había ido perdiendo fuerza poco a poco, dejando la mansión envuelta en una luz más tenue, dorada en los ventanales y azulada en los pasillos más profundos. Clary llevaba casi una hora intentando no pensar demasiado en la conversación que la esperaba, pero le había resultado imposible.Después del paseo corto por el corredor, Elise la había ayudado a cambiarse de ropa. Ya no llevaba la camisa blanca demasiado grande con la que había despertado, sino un conjunto sencillo y cómodo que claramente pertenecía al guardarropa de invitados de la mansión: un suéter de punto fino color crema, suave y holgado, y un pantalón largo de tela gris claro que le caía recto hasta los tobillos. La ropa era discreta, elegante sin esfuerzo, y aunque le quedaba un poco amplia en la cintura, le resultaba mucho más digna que seguir metida en prendas ajenas de enferma. El cabello, ya casi seco, lo llevaba suelto, peinado solo con los dedos, cayéndole en onda
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