Clary no durmió bien.No después del salón de música. No después de aquella mano cálida cerrándose apenas sobre su muñeca como si Jack hubiera querido tocar mucho más y, precisamente por eso, se hubiera obligado a detenerse allí.Cada vez que cerraba los ojos, volvía a verlo sentado al piano, con la luz cayéndole de lado, el cabello oscuro rozándole el cuello y esa tristeza tan quieta en la mirada que daba ganas de acercarse despacio y hacer algo imposible: tocar el dolor sin romperlo más.Y luego venía lo otro.La forma en que le había dicho su nombre.La forma en que había dicho que no quería que se fuera.La forma en que, por un segundo, Clary había sabido con absoluta claridad que si se quedaba un instante más, él la besaría… o ella haría algo todavía peor.A la mañana siguiente, se obligó a comportarse como si nada hubiera pasado.Se vistió con demasiado cuidado para alguien que pretendía indiferencia: una blusa de seda color marfil, sencilla pero suave al tacto, y una falda rect
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