Al día siguiente, Clary notó el cambio antes incluso de que alguien se lo dijera.
No estaba en la biblioteca.
Lo supo apenas Elise apareció en la puerta de su habitación con una bandeja de desayuno y una carpeta delgada bajo el brazo.
—Hoy no irá al ala oeste —anunció, como si leyera la pregunta en su cara antes de que saliera.
Clary dejó la taza de té sobre el plato.
—Qué detalle avisarme.
Elise no se alteró.
—Hoy trabajará en la oficina doméstica de la planta baja.
Clary alzó una ceja.
—¿Y es