Clary no supo en qué momento se quedó dormida otra vez.
Tal vez fue el golpe en la cabeza. Tal vez el caldo caliente. Tal vez el agotamiento de los últimos días, que por fin había encontrado un cuerpo demasiado herido para seguir resistiendo despierto.
Cuando volvió a abrir los ojos, la luz en la habitación había cambiado. Ya no era el gris frío de la mañana, sino una claridad más suave, dorada, filtrada por las cortinas.
Elise entró poco después con un teléfono inalámbrico en la mano.
—Puede h