No debería haber vuelto a la biblioteca.
Ni una vez.
Ni dos.
Mucho menos tres.
Pero ahí estaba yo otra vez, caminando por el corredor con un informe doblado en la mano y la certeza incómoda de que me estaba mintiendo a mí mismo. Podía decirme que iba a comprobar cómo avanzaban los archivos, que necesitaba saber si Rowan había dejado ya el reporte de la ruta norte, que Elise seguramente habría organizado mal las carpetas del ala oeste.
Mentira.
Iba por ella.
No por una razón limpia. Ni romántica