La tensión en el Reino de Piedrasangre cambió antes de que nadie dijera una palabra.
Abital lo sintió en el momento en que entró en el gran salón.
El aire era más pesado.
Estático.
Como si algo estuviera esperando estallar.
Los licántropos bordeaban las paredes de la cámara, con sus movimientos habituales apagados y sus expresiones afiladas por la anticipación. Incluso los bajos murmullos que normalmente llenaban el espacio habían desaparecido.
Algo había sucedido.
O estaba a punto de suceder.