Pasaron los días. Una semana. Luego dos. El tiempo se volvió una sustancia elástica que se estiraba sin romperse.
El fin de semana, Lena citó a Giovanni junto a un joven profesional para seguir con los arreglos del departamento. Llegó puntual, con sus herramientas y una bolsa de café. Ella le abrió la puerta y lo dejó pasar sin disculpas.
Alán no estuvo muy de acuerdo, pero decidió no hacer drama. Esa tarde, desde su departamento, escuchó los golpes de martillo y las risas ocasionales. Apretó l