Mientras estaba en el auto, Lena pensó que la llevaría a algún restaurante conocido. Tal vez a un mirador.
—¿A dónde vamos? —preguntó, sin apartar la vista de la ventanilla.
—Sorpresa —respondió él, con una sonrisa que Lena adivinó sin mirarlo.
—Dame una pista.
—Te va a gustar.
Lena puso los ojos en blanco. Se recostó en el asiento y cruzó los brazos.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Y si es un lugar al que no quiero ir?
—Hay alcohol y apuestas —le dijo, y esbozó una sonrisa. Sus dedos golpearo