Lena escuchó la propuesta de Alfonso. Conforme avanzó la explicación, su ceño se frunció más. Los dedos de ella jugaron con el borde de la servilleta de tela.
—¿Quieres involucrarme en algo turbio? —preguntó.
Alfonso posó su dedo índice en medio de la boca. Una señal clara para que bajara el tono. Sus ojos recorrieron el restaurante por encima del hombro de Lena. Nadie miraba. Aun así, mantuvo la precaución.
—No es turbio. Es un negocio legal. Solo está en esa línea gris que a nadie le gusta mi