A las doce en punto de la madrugada, Alán agarró su teléfono y texteó un mensaje:“Olvidé darte tu anillo. Igual si no quieres usarla no pasa nada”. Lo envió.Se frotó la cara. Quería dejar de ser tan patético.Al minuto siguiente, para su sorpresa, recibió respuesta de parte de Lena.“Perdóname. Sé que me porté como una estúpida. Tú no tienes la culpa de nada”.Alán cerró los ojos por un par de segundos. Su primer pensamiento fue ignorarla. Seguir con esa línea que ella había trazado.”No hay nada que tenga que perdonarte. Solo extraño pasar las tardes contigo”, de nuevo le ganó ese lado suyo, permisivo, siempre que se trata de ella.“Volveré en un par de días a casa”.“Sí, por favor. Si no tendré que denunciarte por abandono de hogar”.“Ja, ja, ja, vamos a dormirnos”.“¿Juntos? ¡Sí!”, respondió él con una sonrisa de lado.“No, cada quien en su cama. Pronto seremos vecinos de nuevo”.“Es una promesa”, envió el mensaje.“Sí. Solo tenme paciencia si me pongo rara”.“Paciencia es mi seg
Leer más