A las doce en punto de la madrugada, Alán agarró su teléfono y texteó un mensaje:
“Olvidé darte tu anillo. Igual si no quieres usarla no pasa nada”. Lo envió.
Se frotó la cara. Quería dejar de ser tan patético.
Al minuto siguiente, para su sorpresa, recibió respuesta de parte de Lena.
“Perdóname. Sé que me porté como una estúpida. Tú no tienes la culpa de nada”.
Alán cerró los ojos por un par de segundos. Su primer pensamiento fue ignorarla. Seguir con esa línea que ella había trazado.
”No hay