Lena se quedó en el sofá. Las lágrimas no se detenían. Su parte racional le gritaba que era una estupidez llorar por una puta basura como Dimitri. Pero no podía parar.
Esa sensación de frustración, dolor y coraje la hizo tirar el cojín al suelo.
Trató de relajarse. La opresión en su pecho no se iba.
Se quedó ahí. A veces veía el techo, luego se enfocaba en las líneas de sus manos.
No sabía cuánto tiempo pasó. Minutos. Quizás una hora.
Entonces tomó el teléfono. Desbloqueó la pantalla. Buscó el