Pasó una semana.
No fue una semana fácil. Tampoco fue una semana de llanto constante. Fue una semana de pequeños pasos.
Lena se levantó cada día. Se duchó. Se vistió. No siempre con ánimos de salir de su departamento.
Un día llamó a Lía. Hablaron una hora. No de sus horribles desastres amorosos. Se dedicaron a contar cosas de Marcus. De la última travesura del niño. Ambas rieron tras cada anécdota.
Otro día fue al supermercado. Compró fruta, yogur, pan. Pagó con su tarjeta. No pensó en nada más