Al día siguiente por la mañana, Lena se sentó en el sofá. No había terminado de desayunar cuando escuchó el timbre de la puerta.
Se levantó. Caminó hacia la entrada y casi arrastró los pies. Se asomó por la mirilla. Se encontró con dos siluetas bastante conocidas.
Abrió.
Sus padres estaban en el marco. Su madre, con el cabello recogido en un moño bajo, las manos entrelazadas sobre el bolso. Su padre, con una chaqueta de cuero que no usaba desde hacía años.
—Hija —dijo Elena, y la abrazó pr