Narra Camille:El vapor de la cocina se mezclaba con el aroma reconfortante de la carne guisada y las especias, un olor que, hace apenas unos meses, me habría parecido un lujo inalcanzable. Servía los platos uno a uno, viendo cómo las manos pequeñas y temblorosas de los huérfanos de la "Manada Olvidada" se extendían con gratitud. Eran supervivientes de una tragedia que yo apenas empezaba a comprender, pequeñas almas marcadas por la pérdida que, sin embargo, me aceptaban con una inocencia que me desgarraba y, al mismo tiempo, me sanaba.Mientras repartía el pan, mi mente, traicionera y persistente, se deslizó hacia los eventos de hace pocos días. Un escalofrío recorrió mi columna, y una sensación de frío gélido que se instaló en la base de mi nuca. Cerré los ojos un segundo, obligándome a no temblar.Pero allí estaba Vincent.El recuerdo de su boca sobre la mía, y la brutalidad de su reclamo, me hizo sentir un asco tan visceral que tuve que apoyarme en el borde de la mesa para no vomit
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