Un deseo.
Narra Camille:
El vapor de la cocina se mezclaba con el aroma reconfortante de la carne guisada y las especias, un olor que, hace apenas unos meses, me habría parecido un lujo inalcanzable. Servía los platos uno a uno, viendo cómo las manos pequeñas y temblorosas de los huérfanos de la "Manada Olvidada" se extendían con gratitud. Eran supervivientes de una tragedia que yo apenas empezaba a comprender, pequeñas almas marcadas por la pérdida que, sin embargo, me aceptaban con una inocencia que me