Ni en la vida ni en la muerte.
Narra Vincent:
El viento azotaba mi rostro con una furia helada, pero ni siquiera esa brisa gélida lograba apagar el infierno que devoraba mis entrañas.
Galopaba a una velocidad temeraria, obligando al caballo que robé a exprimir sus fuerzas hasta que sus pulmones parecían a punto de estallar, pero no me importaba. Nada importaba. Solo el recuerdo de esa visión quemante: su cuello.
Esa maldita marca incompleta.
La imagen se repetía en mi mente una y otra vez, como una tortura cíclica de la que