El plan siniestro.
El bullicio en la mansión Moreau no era el habitual, todos los sirvientes y guardias estaban corriendo de un lado a otro como si fueran gallinas afuera de su corral a la merced de un zorro.
Normalmente el sonido que dominaba estos pasillos era el de botas militares, órdenes secas y el susurro servil o el chismorreo de los criados. Pero hoy, lo que resonaba era el caos. Había una vibración diferente en el aire, una mezcla de pánico y urgencia que me resultaba casi musical.
Caminé por el ala oest