58. El lado tierno del señor Abad I
Ana Paula LagoVi cómo Lili se fue a su habitación y escuché el leve clic de la puerta al cerrarse. Permanecí allí, en silencio, con la vista fija en mi taza de café humeante. El aroma tostado me envolvía, cálido y familiar, mientras una sensación de alivio se mezclaba con una inquietud difícil de nombrar. Me alegraba tenerla de vuelta, por supuesto, pero algo en ella me descolocaba.Estaba demasiado tranquila.La Lili que yo conozco no se rinde tan fácil. Es impulsiva, visceral, de las que no se quedan con las cosas atravesadas en el pecho. Ella hubiera ido por Miguel, lo habría encarado, aclarado todo… pero no lo hizo.Suspiré, llevándome la taza a los labios. Tal vez tenía sus razones, y aunque me moría de curiosidad por saberlas, decidí respetar su silencio.La noche anterior no había podido dormir bien. Me revolvía entre las sábanas, dándole vueltas una y otra vez al mismo recuerdo: Arturo.El momento en que intentó besarme se repetía en mi mente como una escena sin pausa, una qu
Leer más